Humberto Andrade Quezada
handrade83@hotmail.com

El domingo anterior escribí respecto a no buscar salvadores ni caudillos para nuestro país, sino exigir que se cumpla la ley, que se respete el estado de derecho, y fue sorprendente encontrar varios artículos de opinión en diversos medios nacionales en coincidencia con el tema.

La idea de aplicar la ley, pese a ser muy sencilla, ha sido imposible de llevarse a cabo en México, debido a que las autoridades que protestan cumplir y hacer cumplir las leyes no lo hacen, y en sentido contrario, actúan en la impunidad absoluta, además, sin castigar a quienes las violentan. Y bien dice el dicho: “cuando el gato se ausenta los ratones hacen fiesta”.

En pocas palabras un gobierno que no cumple las leyes, propicia y obliga en muchos casos a que los ciudadanos actúen fuera de la ley, con costos muy altos para el país que impiden el bienestar que sólo puede derivar del cumplimiento de nuestras obligaciones y del disfrute de nuestros derechos.

La exigencia en la aplicación del estado de derecho debería ser un frente común, una lucha masiva previa a las elecciones de este año y del 18, para que quienes sean electos cumplan con esa premisa y no con ocurrencias personales.

La búsqueda desesperada de caudillos, el soñar con alguien que haga pagar las cuentas a los demás, es una utopía peligrosa e incierta, que aunque surge de manera natural por los abusos de tantos gobernantes sin respeto a la ley, y por el desencanto y la desconfianza actual, tiene el riesgo de derivar en condiciones peores a las que tenemos en casi todo el país.

No son las ocurrencias mesiánicas, ni los personajes artificiales inflados por las nóminas, los recursos y la propaganda, la solución para el país, sino la solidez de un marco legal que impida las desviaciones y corruptelas. La incapacidad de funcionarios se agrava por decisiones que están basadas en la discrecionalidad y la falta de límites que marca la ley.

A lo largo de la historia hemos permitido y tolerado convivir con verdaderos reyezuelos, que gozan de poderes meta constitucionales sin ninguna limitación administrativa y sin ninguna responsabilidad jurídica; lo sucedido esta semana en Cámara de Diputados Federal, además de ser patético ejemplifica muy bien lo relatado, ya que los diputados del PRI, metieron al diputado suplente Antonio Tarín de Chihuahua, para que rindiera protesta y así protegerlo con el fuero constitucional, debido a que hay una orden de aprehensión en su contra por el delito de peculado, emitida por el poder judicial de aquel estado.

Tarín fue uno de los hombres cercanos al ex gobernador de Chihuahua, César Duarte, -por cierto fugado ya, al igual que su tocayo Duarte de Veracruz- par de joyas que demuestran cómo se burla la ley desde el poder. Tarín está acusado de presuntamente desviar 300 millones de pesos a una empresa ligada a él.

Cómo no estar hartos, si con acciones facciosas construyen a modo el modelo que conviene para la impunidad. Procurar fuero y acomodar las leyes, es estimular y abonar al disgusto de la gente.

Y recuerdo la frase más desafortunada que puede haberse pronunciado en este país, -sobretodo dicha por el presidente- al señalar que la corrupción es fruto y característica de nuestra cultura.

La sola mención indica lo licencioso del régimen, la falta de compromiso con el combate a ese cáncer, y abre el camino a la impunidad, a la impotencia, al “así somos”, “qué le vamos a hacer”, “todos somos iguales”; en resumen, acaba con cualquier meta aspiracional, ya que si así estamos por el cruel destino y por el ADN, en consecuencia no hay solución institucional ni responsables, crucémonos de brazos y que siga el saqueo.

Y siguiendo con las frases, citemos aquella terrible que define muy bien lo que pasa con muchos de nuestros gobernantes y que dice: “un buen estadista es aquel que se pasa la mitad de su vida haciendo leyes y la otra mitad protegiendo a sus amigos para que no las cumplan”.

En realidad no necesitamos caudillos, vengadores, ni arbitrariedades, necesitamos que se aplique la ley. Simplemente.