Humberto Andrade Quezada

Recuperar la tranquilidad y la seguridad en el país debería ser una prioridad del gobierno Federal en este momento, pero parece que sus objetivos van más a una visión electoral, a tratar de conservar el gobierno con campañas y recursos excesivos en los estados en los que hay elecciones como el caso del Estado de México, y con campañas publicitarias a nivel nacional que no dicen nada, con testimonios de ciudadanos que nadie escucha por su irrelevancia y superficialidad.

Una voz grabada, un texto expresado en todos los medios de comunicación, ante el nivel de desconfianza y de disgusto no sólo suena a inutilidad ingenua, sino a gasto sin sentido en esa lógica extraña que tienen desde el gobierno para ver la realidad con una lejanía enorme de los mexicanos.

Cuando las prioridades se trastocan y los objetivos son intereses de grupos antes que ciudadanos, las cosas comienzan a ir mal, y en este país hace mucho que comenzaron a suceder así, por lo que debemos insistir en que las cosas pueden y deben ser diferentes.

Insisto que no podemos seguir dando por aceptado lo que sucede, que la naturalidad sean los índices de violencia y las vendettas del crimen organizado con la gran cantidad de acciones delictivas que propician e impulsan alrededor de su actividad.

No podemos seguir viendo como normal la delincuencia, la inseguridad, la peligrosidad al viajar en las carreteras del país, los robos a ductos, a trenes; y sobre todo las consecuencias de los malos gobiernos, la convivencia con la delincuencia, la corrupción y la descomposición que generan; simplemente revisen la cantidad de funcionarios prófugos con negocios mal habidos y nulos beneficios para sus gobernados.

Por esa razón la semana que termina, una semana de asueto, un cambio marcado en el ritmo de nuestra ciudad, un espacio para la música, la lectura, la reflexión, la convivencia con la familia y los amigos, se antoja como un momento especial para pensar lo que deberíamos ser.

En estos días, en las calles hay poco tráfico, baja considerablemente la circulación de vehículos, pero más que nada, baja la ansiedad, las prisas, la velocidad y el estrés; diríamos que hay un remanso, un impasse acordado, un espacio de silencio después del abrumador ruido que nos rodea.

Incluso las noticias que relatan los esfuerzos demenciales de Kim Jong Un, de Trump, Putin, Xi Jinping y demás orates que juegan a las amenazas nucleares, a las armas químicas y bombardeos en que millones de inocentes se ven involucrados, las queremos desestimar.

Porque ese ajedrez psicótico, esa amenaza terrible que pone en peligro la vida del planeta, en momentos en que los radicalismos imperan y la sensatez de los líderes brilla por su ausencia, es lo único que alcanza a perturbar esta semana, con un mensaje importante en la gravedad del destino de los pueblos con malos gobiernos, con consecuencias funestas, no importando si sean cataclismos nucleares o sociales, o el dolor de la pobreza y la discriminación.

Los presidentes de esos países en conflicto y los malos gobiernos en cualquier lugar del mundo tienen un común denominador, el desestimar a los demás, el buscar el beneficio de unos cuantos por encima de un futuro promisorio y común.

Hay una lógica perversa de ambición y conservación para que personajes como los citados, que parecen esperar turno para representar a Los Tres Chiflados, lleguen al poder, por lo que de manera clara debemos influir en las decisiones, previo a que surjan las consecuencias.

Esperemos que la escalada de violencia en todo el planeta cese y podamos tener como prioridad una vida más armónica en nuestras comunidades, y así el asueto como el que acabamos de disfrutar, no sea para una vida productiva y enriquecedora, sino para las preocupaciones y las calamidades.