Humberto Andrade Quezada
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Con la votación a favor del Brexit y con las peticiones de algunos políticos de extrema derecha en Francia y Países Bajos para retirar su adhesión a la Unión Europea, parecía extenderse una sombra negra en el futuro del europeísmo, pero el triunfo de Emmanuel Macron llega como un aire fresco, como un aliento a la integración comunitaria, evitando la destrucción del euro y de la Unión Europea.

Esto ligado al triunfo del primer ministro holandés en marzo de este mismo año, puede interpretarse como un signo de que la explosión populista que tomó su mayor nivel en el mundo con el Brexit y con el triunfo de Trump, pueda estar retirándose.

Lo cual no deja de ser alentador, porque el común denominador de todos los países en que el populismo se ha enquistado, ha sido el crecimiento de los radicalismos, la división de sus ciudadanos, los odios y la discriminación.

Vale la pena, sin mayor preámbulo, reproducir fragmentos del discurso de Macron la noche de su triunfo en el carrusel de París, con la pirámide de cristal del museo del Louvre a sus espaldas como un mensaje esperanzador contra las posiciones radicales y totalitarias.

“Quiero decirle a aquellos franceses votaron para defender la república frente a un extremismo, que entiendo las divergencias y las respetaré, pero seré fiel al compromiso que estoy emprendiendo en este momento…

El mundo nos está mirando… Europa y el mundo espera que nosotros defendamos el espíritu de la iluminación que se ve amenazado por todas partes, esperan que todos protejamos y defendamos la libertad que tenemos.

Eso es lo que esperan, que nosotros brindemos una nueva esperanza al mundo, que hagamos de nuestro mundo un lugar más seguro, que defendamos la libertad y que demos más justicia al mundo, esperan que por fin seamos quienes somos.

La tarea que tenemos enfrente es enorme, el trabajo empezará mañana, tendremos que hacer que la vida pública sea más moral, tendremos qué defender la vitalidad de nuestra democracia, fortalecer nuestra economía, establecer más protecciones para este mundo que nos rodea y asegurarnos que todos tengan un lugar mediante la educación, mediante la cultura para refundar Europa y asegurar la seguridad de todos los franceses.

Esta tarea que tenemos enfrente es un desafío enorme que requerirá que sigamos siendo valientes, nos hemos ganado un derecho ese derecho es la valentía y seguiremos a diario esa valentía y seguiremos haciéndolo porque eso es lo que Europa y el mundo espera de nosotros los franceses.

El desafío es enorme e impondrá sobre nosotros la responsabilidad de construir una mayoría (de gobierno) verdadera, buena y fuerte, un cambio de la mayoría es lo que está aspirando este país y lo que se merece. Este cambio es lo que yo espero de ustedes en las próximas semanas porque voy a necesitar de ustedes cada vez más.

Yo luchare por ustedes en contra de la falsedad, en contra de la ineficiencia, para mejorar la vida de todos, voy a respetar a cada uno de ustedes, lo que cada uno piensa y defiende. Quiero una reconciliación de nuestro pueblo porque quiero la unión de nuestro pueblo, y por último yo los voy a servir, los serviré con humildad, con fortaleza, y los serviré a honor de la libertad, la igualdad y la fraternidad, yo los serviré leal a la confianza que han depositado en mí, los serviré con amor…”

Cierro la cita de un discurso que le da un aire fresco a Europa, y que ante la amenaza de gobiernos corruptos y de opciones populistas en muchos lugares del mundo, incluyendo México, exalta los valores, las ideas, la solidaridad del humanismo, el respeto a los demás, por encima del odio y el racismo; el impulso de la cultura como significado de las características que identifican a una sociedad, por la suma valiosa de los individuos en sus diferencias, por la visión de una economía que aminore las diferencias, que extienda la riqueza, lejos de empobrecer a todos.

Un mensaje que no importa en dónde se pronuncie, pueda significar en plenitud el ser humano como esperanza de su destino y su entorno.